Mas de uno me pregunto cómo hice para llegar al nivel que tengo hoy. La realidad es que no hubo ningún secreto.
Arranqué CrossFit en 2018 y recién en 2021, en plena pandemia, decidí que ya no quería ser “uno más” de la clase. Hasta ese momento entrenaba, hacía lo justo y necesario, levantaba siempre los mismos pesos y, aunque terminaba los WOD mucho antes que el resto sin robar una repetición, sentía que estaba completamente estancado.
Entonces hice un cambio de cabeza.
Empecé a desafiarme. Si sabía que un WOD lo podía hacer cómodo con 40 kg, probaba con 50. Muchas veces no lo terminaba. Muchas veces fallaba. Pero cada intento me enseñaba algo y me demostraba que era capaz de mucho más de lo que creía.
Lo mismo pasó con la gimnasia. Era mi peor pesadilla. Los movimientos en barra me volvían loco. Pero entendí algo muy simple: no existe otra forma de mejorar que practicar. Terminaba la clase, me quedaba 10 o 15 minutos más y trabajaba mis debilidades. Día tras día. Sin magia. Sin atajos.
Hoy, una de las cosas por las que más me destacan es justamente mi facilidad en los movimientos gimnásticos. Y no fue porque tuve un coach mejor que otro, ni porque nací con talento. Fue porque decidí esforzarme más que ayer.
Mi consejo es este: desafiáte. Salí de la comodidad. Animate a poner un poco más de peso, a intentar ese movimiento que todavía no te sale, a dedicarle unos minutos extra a lo que peor hacés.
Porque el día que decidas crecer de verdad, vas a empezar a sorprenderte de todo lo que sos capaz de lograr.
Y acordate de esto: si vos no decidís esforzarte por vos mismo, nadie va a hacerlo por vos.
“El cambio no empieza cuando aparece un mejor entrenamiento. Empieza el día que decidís dejar de conformarte.”